
Echa un vistazo, te va a encantar.
A TODOS LOS SEDIENTOS
VENID A LAS AGUAS
todos los sedientos: Venid a las aguas;
y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.
Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.
¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan,
y vuestro trabajo en lo que no sacia?
Oídme atentamente, y comed del bien,
y se deleitará vuestra alma con grosura.
Inclinad vuestro oído, y venid a mí;
oíd, y vivirá vuestra alma;
y haré con vosotros pacto eterno,
las misericordias firmes a David
Isaías 55:1,3
Este no es el libro que quería escribir, sino el que me vi en la necesidad de escribir. Cada escritor se siente cómodo escribiendo determinados géneros literarios, y sin duda, el género de de “Auto ayuda” es uno de esos campos que no me llaman particularmente la atención.
Para ser franco siento cierto recelo acerca estos libros, porque me parece que suelen abordar la vida desde una perspectiva superficial y simplista, percibo que a menudo no van a la médula de los problemas de la gente y están saturados de corrientes ideológicas populares pero desbalanceadas y ausentes del punto de vista bíblico en su aplicación; hablo del humanismo, positivismo, teología de prosperidad y otros remanentes de ideas muy viejas pero empacadas y distribuidas con envolturas nuevas.
He recelado de estos libros porque muchos de ellos prometen mucho pero no dan más allá de una emoción momentánea que la mayor parte del tiempo no pasa de ser justamente eso, mera emoción, porque en muchos casos son imprácticos y vacíos. Dan muchísimos consejos humanos y “pragmáticos” pero ignoran complemente la palabra de Dios, o la usan fuera de contexto, además porque muchos de ellos no dan herramientas sobre cómo hacer las cosas, sino sólo, sobre qué hacer. Sin embargo usted descubrirá leyendo este corto libro que entre qué hacer y cómo hacerlo, hay de por medio un profundo abismo.
La última razón es que estos libros suelen estar en la misma línea de las Pirámides Financieras, son un producto bien presentado, pero sin un fundamento sólido y verdadero capaz de pasar la prueba de la experiencia en el mundo real. Ofrecen una lectura soft, entretenida, y estimulante, pero pocas veces transformadora.
A pesar de todo esto, descubrí que es posible escribir un libro de este género que enfoque un problema real, e indique a los lectores qué hacer para resolver el problema y cuáles pasos dar para solucionarlo.
Si usted está sufriendo los efectos devastadores del fenómeno de las Pirámides Financieras al estilo TELEXFREE, o negocios Multinivel donde ha invertido muchísimo dinero y no ha visto buen fin, o negocios de otra índole, pero con resultados similares , o si usted padece la angustia de haber fracasado antes o recientemente en la instalación de algún negocio o proyecto, este libro ha sido escrito pensando en usted, para que sepa que no todo está perdido y descubra que aún de las cenizas del más voraz incendio, con la ayuda del Señor Jesucristo es realmente posible levantarse. ¿Está usted preparado para seguirme en este corto, pero sinuoso y emocionante viaje? Espero que sí, échele ganas, ¡Manos a la obra
“Porque siete veces cae el justo,
y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal”.
Proverbios. 24:16.
CAPITULO I
¿LLUVIAS DE GRACIA
O TORRENTES DILUVIALES?
En el tiempo actual no hay milagro más prodigioso que la mente racional con la que Dios nos ha equipado. Desafortunadamente, mucha gente ignora eso. Pasé cinco años en el sector comercial de las ventas mayoristas, lidiando con clientes y suplidores mentirosos, picaros, simuladores y arribistas. Cuando pasas por semejante proceso en el que descubres cómo los clientes te llaman para preguntarte por el precio de algo, con el único objetivo de lograr la rebaja de precio de otro suplidor y no exactamente para vender más barato a los consumidores, entonces aprendes a sacarle una punta muy filosa a tu lápiz, y a mirarlo todo con mucho recelo.
Esa aciaga noche, mi cabeza daba cientos de vueltas, me encontraba absorto por los muchos problemas financieros que tenía. Había probado ya, casi toda solución posible, y nada había dado resultado, así que me hallaba particularmente escéptico hacia casi todo. Cuando María, mi esposa, por fin salió de la habitación después de haberse vestido y desvestido como diez veces solo para rendirse al final y gritar con enojo y resignación, Vámonos, total, estoy fea como quiera Abordamos nuestro vehículo, un Mitsubishi Galant azul del noventa y ocho, bajo un cielo rojo y una leve llovizna. Íbamos hablando toda clase de vaguedades por el camino saltando de un tema al otro sin dirección alguna, como tratando de llenar el espacio con palabras sin conexión, aunque todos los temas tenían una raíz común: la crisis económica. Eso fue así hasta que la conversación empezó a centrarse en la dramática metamorfosis de la lluvia que notoriamente iba transmutando de tiernas y leves gotas de agua a enormes y amenazantes proyectiles.
La última gran preocupación era que una parte el trayecto antes de llegar a la casa de la amiga de mi esposa en donde se realizaría la reunión solía anegarse de agua y generar caóticos entaponamientos, lo cual, de hecho, sucedió. Subrepticiamente nuestra vaga conversación pasó de ser la desesperante crisis económica, a la posibilidad real de que el automóvil se quedara varado en medio de un fétido lago de aguas negras.
Por un instante, pensé, aunque no lo externé, “si esto es una señal de Dios, definitivamente, en lo que nos quieren meter, no es bueno”. Pero, ¿cómo decirle eso a María mí esposa, cuando yo estaba desempleado y ella estaba tan convencida de que allí estaba la solución que andábamos buscando para nuestros agobiantes problemas económicos? Si le hago este comentario, —Me decía, seguramente dirá:
“¿La lluvia, la manda Dios o la manda el Diablo?, ¡en la Biblia, la lluvia siempre es señal de bendición
Entonces, a esa respuesta imaginaria, yo le habría respondido inmediatamente: ¡Bueno, realmente hay que admitir que, durante el diluvio llovió bastante Pero, ahí quedó todo, fue solo un pensamiento.
Estábamos en medio del charco de aguas negras, metafórica y literalmente, pero como María nunca mostró pesadumbre por haber salido, y ni por asomo habló de retornar a la casa, mantuve la calma; disimuladamente miró por el rabillo del ojo como haciéndome un escáner facial para sondearme y enterarse si yo estaría enojado por el percance en que estábamos metidos, pero no mostré reacción alguna, porque quería llevar la fiesta en paz, en el Caribe hace mucho calor, pero esa noche hacía frío, era una buena oportunidad para amanecer acurrucado con tu esposa, ¿para qué dañar la noche?
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